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martes, 10 de septiembre de 2013


NIXON Y ROCKEFELLER



NIXON Y ROCKEFELLER: < LA POBREZA Y LA RIQUEZA>..EL PODER SE VUELCA A LOS "OBSESIVOS DE GANARLO.
José Garcia
Descripción: https://mail.google.com/mail/u/0/images/cleardot.gif



El contraste de Rockefeller y Nixon no hubiera podido ser más grande. El poder se vuelca cada vez más hacia los poseídos de ganarlo. Quien no se vuelca cada vez más hacia los poseídos por un deseo casi obsesivo de ganarlo. Quien no se vuelque monomaníacamente al proceso de la nominación, quien lo tema o lo desprecie, siempre estará persiguiendo un espejismo, por más notables que sean sus demás condiciones para el cargo. Con los candidatos para las más altas funciones, lo mismo que con los atletas, todo depende de un sentido de tiempo, de una capacidad intuitiva para aprovechar la oportunidad. Los delegados a las convenciones viven la existencia comprimida de las mariposas. Por un breve período son admirados, cortejados, presionados, halagados, adulados, interminablemente acosados. Al día siguiente de haber elegido, vuelven al olvido. Por lo tanto, son extremadamente sensibles a las dudas de sí mismo que pueda tener cualquier candidato.
Las cualidades necesarias para arrebatar la candidatura a la presidencia norteamericana de un cuerpo transitorio pueden tener muy poco en común con las cualidades requeridas para gobernar; ciertamente, mientras las exigencias del proceso de nominación se tornan más intensas con cada elección, ambos tipos de cualidades pueden volverse cada vez más incompatibles. El proceso de nominación confiere el premio a un candidato experto en organización que pueda dar expresión política a la necesidad del momento, a un maestro de la ambigüedad y el consenso, capaz de subordinar programas a las exigencias de hacerse una amplia coalición. Un hombre que entienda la compleja la compleja esencia del proceso de nominación, como lo entendía Nixon de manera suprema, inevitablemente derrotará a un candidato que busque la meta poniendo el acento en lo substancial.
Como personalidad, Nelson Rockefeller era en todo diferente de Adlai Stevenson como pueden serlo dos hombres. Rockefeller estaba hecho de un material más austero; era mucho más decidido. Y sin embargo, sus destinos fueron curiosamente paralelos. Frente a la oportunidad vacilaban,  o más bien desdeñaban dar forma a sus oportunidades aplicando los medios requeridos por la nueva política. Si esto era peligroso para un demócrata, resultaba fatal para un republicano, cuyo partido, habiendo estado fuera del poder por una generación, se había retraído hacia una ortodoxia y una disciplina que lo volvían sumamente receloso de los programas novedosos y audaces. Así como Stevenson fue derrotado por la organización por Kennedy en 1961, Rockefeller fue derrotado por la maquinaria de Nixon en 1960 y  nuevamente en 1968. El intenso disgusto de Rockefeller hacia Nixon provenía de muchos factores, pero el crucial era la rebelión intuitiva contra la política de manipulación que, sin embargo, puede ser la esencia de la moderna política presidencial norteamericana.
Además, la rivalidad de Rockefeller y Nixon no carecía de un ingrediente de antipatía personal que trascendía hacia a la que se generaba automáticamente en una competencia por el único premio. Nixon pensaba que Rockefeller era un aficionado egoísta que podía arruinar lo que no era capaz de controlar, un representante del stablishment que lo había tratado con condescendencia durante su vida política. Rockefeller consideraba a Nixon un oportunista amoral, sin la visión  y el idealismo necesarios para conformar el de los Estados Unidos.