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martes, 19 de noviembre de 2013

RESPUESTA DE CARLOS DELGADO CHALBAUD A UNA CARTA DEL DOCTOR GONZALO CARNEVALI, EMBAJADOR DE VENEZUELA EN WASHINGTON

Señor doctor Gonzalo Carnevali
Washington.
 Solo a título personal, como se debe responder a quien prefirió el gesto del publicista al severo ademán del diplomático, representante de la dignidad perenne de la Nación, contesto a usted su carta escrita el 5 de este diciembre.
No lo hago por mí, ní porque lo que en ella dice requiere réplica, sino para significarle desde ahora que lo ocurrido en Venezuela en los ultimos tres años y lo por venir, dejan vacías de sentido sus palabras y al desnudo los sofismas con que cubre sus faltas de informacion y de comprensión de lo venezolano.
A pesar de la pasión que a usted conmueve, le reconozco mi espiritu de sacrificio para cumplir con exceso y lujo inútiles su curioso sentido del deber civil, el cual le permita el menoscabo de la representación que recibió, en favor del gesto egoísta.
No busque explicaciones para nuestra actitud. atenuantes y benevolencias sobran. No las busque usted fuera de nuestro país, porque sólo dispone de algo que es peor que la mentira: la verdad a medias, deformada, servida por la propaganda de un Partido que se hizo ambiente en medios y con hombres dóciles a la dádiva y al halago.
Ni las espere de usted, porque en su mente, por ahora, sólo hay formulaciones no contrastadas con realidades, pues, del reciente dolor venezolano estuvo ausente durante sus 3 años displicentemente, por lo cual ignoró que el Partido oficial precipitó al país a la mas peligrosa crísis de la economía y de la moral nacional.
No entenderá usted lo que es sencillo y simple para el venezolano de hoy, el que ha visto con emoción patriótica y de cerca la angustia colectiva. No entenderá, digo, que las intervenciones militares de octubre del 45 y de noviembre de este año, son sólo momentos de un mismo fenómeno. Primero confiamos ingenuamente en que los hombres a quienes se entregó el gobierno impulsaron el país hacia su progreso y que la vida nacional, viciadas por arcaicas prácticas de personalismo cobraría agilidad y vigor. 
Luego, al ver como se desataron mezquinas pasiones y cómo se desbordaron  las ambiciones del hombre mediocre, antes que la vida pública perdiera toda perspectiva  y jerarquía, de que se entronizara la ineptitud y continuara gobernando la astucia desde la penumbra, se puso freno, se impidió el vértigo, se contuvo la aceleración irresponsable de la vida social. Y la historia constatará que las Fuerzas Armadas Nacionales, con previsión certera y acción incruenta, impulsaron y frenaron a un tiempo, cumpliendo elevada función de noble intención y serena eficacia. Por eso hablar de revolución de Noviembre, es una impropiedad, una inercia verbalista. De lo que se trata es de la Marcha ascendente de Venezuela impulsadas por fuerzas sanas, protegidas por su Institución Armada, quie es democrática por su composición y liberal por su actitud, hacia el ejercicio del poder público por los ciudadanos todos, no por un grupo, síntesis de la verdadera democracia política. Resultando que la equivocación por usted sufrida con  las Fuerzas Armadas ha sido voluntaria y gratuita.
El Partido político favorecido en octubre del 45 realizó consulta electoral. Pero falto de auteridad republicana y de escrúpulos cívicos, procuró de diversos modos una decisión ventajosa, provocando confusión totalitaria entre partido y Estado, causando la perversión del mérito del voto popular. Así, todos los organismos elegibles se formaron con abrumadora mayoría sectaria, y las ramas del Poder Público pasaron a ser fracciones de la actividad partidista dirigida por un comité central. No había necesidad de moral administrativa, ni de justicia ni de eficacia, ni de llevar ni rendir cuentas. Ni de alternabilidad, ni de responsabilidad en el Gobierno.
La voluntad arbitraria de un hombre fue sustituída por los caprichos de una singular oligarquía dispuesta a amañar la leyes, a desvirtuar las instituciones, ante la cual sólo quedó, señera, la vigilancia de las Fuerzas Armadas Nacionales, cuyo comando habia las preservado de la vorágine y mantenido en su unidad institucional. Observábamos con ansiedad el desigual combate entre la facción enardecida por la pasión y calificadas expresiones de la opinión, entre las cuales descollaron auténticos valores de la dignidad y de la inteligencia venezolana.
Usted admite que la intervención militar hizo posible la elección del señor Gallegos. Debería reconocer también que los abusos de su partido dañaron el significado popular que pudo tener el acto mismo. Al derrocar su Gobierno, las Fuerzas Armadas Nacionales han limpiado el camino para la realización de la democrácia, sin rabias ni morbosidades.Destruido el personalismo y erradicada la demagogia, los venezolanos van hacia el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes, libres de temor y dignamente.
Puede usted estar seguro de que habrá constancia de que a los hombres de armas nos falta habilidad retórica, tenemos patriotismo y no carecemos de intuición histórica. Por eso la paz que siente hoy el país bajo el signo militar no tiene analogías cercanas. Se basa en el reconocimiento de la dignidad los derechos del hombre puesto en evidencia en el trato dado a los personeros del Gobierno derrocado y en el respeto de las funciones que tan mal ejercieron. Se asienta en el claro concepto de juricidad que demuestra la Junta Militar de Gobierno. Esa paz no ha sido ni establecida ni concedida. Ella fluyó de la vida nacional cuando fue liberada de la demagogía y del encono que la oprimían. Ojalá pudiera usted verla con sus ojos y ya que no disfrutaría con el mismo gozo con que lo hace la colectividad pacífica y patrióticamente inspirada. Sentiría la vanidad de su retoricismo al ver bullir, plena fe y confianza en nuestro desprendimiento, la vida del pueblo, cuyo reconocimiento ya tenemos.
Su carta dice que usted es un hombre que termina la vida alumbrándose con el resplandor mortecino del desencanto y de la fe perdida. Los hechos demuestran a los que vivimos  en Venezuela afrontando todas las contingencias  y consciente de nuestras responsabilidades  con el destino democrático  de este pueblo, que el sentido de nuestras vidas tiene signo positivo. Para nosotros la lucha no ha hecho sino comenzar.  Y Venezuela sabe que habiendo podido  mantener crispada la garra sobre su cuerpo inerme, por la índole de nuestras instituciones militares, por la formación intelectual y moral de sus componentes, por el respeto y el amor que a ella profesamos, hemos preferido rectificar errores ante que cubrirnos  de oprobio instalando una nueva tiranía.

C. Delgado Chalbaud